lunes, 17 de noviembre de 2008

¿DISCUTIR ES PELEAR?

Solemos decir las cartas sobre la mesa en alusión al juego de barajas cuando queremos ver las cartas del contendor. De igual modo usamos la frase cuando queremos escuchar la versión de los hechos de la otra parte, esto claro dentro del margen de una discusión entre dos personas maduras emocionalmente. Pero las más de las veces, nada de esto se da. Ambas partes abordan el tema desde el flanco del ataque personal y por ende reciben la respuesta respectiva. No se aborda el tema de fondo, se va a la periferia de la agresión verbal; al final queda el sinsabor de las palabras dichas, el malestar íntimo, el silencio. Esto cuando se paró la "discusión", vamos a decir, a tiempo. La autoestima de las personas es menoscabada. El mal trato es psicológico.
En los otros casos, cuando se agota el diccionario, es decir cuando los epítetos han ido subiendo de tono, es como que el camino andado ya no se puede desandar. Entonces la herida ya no es tan superficial. Es profunda, porque al calor de las palabras incluso se han tocado los vínculos familiares, involucrando a terceros en algo que solo es de dos personas y rebazando los límites de la pareja y de su hogar. Se ha tocado la puerta de la injuria.
A diario solemos leer o escuchar la crónica policial dando cuenta de los uxoricidios, es decir de la muerte a manos del cónyuge o la pareja. La violencia que se inició como una llamita pequeña, como el destello de un fósforo, ha terminado por arrazar la vida de los protagonistas de una historia que comenzó cuando se enamoraron.
No estamos acostumbrados en primer lugar a conversar, a comentar los acontecimientos del día ni con la pareja ni con nuestros hijos, ni a comentar las noticias. De ese diálogo diario, de ese intercambio de información va naciendo el conocimiento de la vida ajena al hogar, de la otra persona; de nuestro interlocutor. De allí nace el conocimiento de las discrepancias, el conocimiento de las opiniones de nuestra pareja o de nuestros hijos. De este diario ejercicio nace la costumbre de llevar las discusiones (viene de discurso) con serenidad, con la tranquilidad necesaria. En casa solía convocar a mesa redonda de tanto en tanto. Sobre todo cuando el clima familiar se ponía tenso por una serie de razones (económicas) que nos tocó vivir a causa de las crisis que nuestra generación ha vivido, devaluaciones que hicieron temblar no solo la economía del país sino la estabilidad de muchísimos hogares.
Entonces, como siempre, establecimos prioridades, con la participación de toda la familia. Los niños querían tal o cual cosa. Presupuesto en mano les demostrábamos que no era posible al momento. Que tendríamos que reducir tal o cual gasto para poder comprar tal o cual cosa. Así fuimos aprendiendo a intercambiar ideas, a discutir con las cartas sobre la mesa y evitamos los altercados, ellos y nosotros aprendimos a dialogar.

jueves, 6 de noviembre de 2008

LA PAGINA EN BLANCO

Hace poco una joven mujer se quejaba de su pareja que no se cansaba de preguntarme cuántos hombres han existido en mi vida antes de conocerlo, al punto que una mañana le contesté ni quieras saberlo, desde entonces me mira como queriendo adivinar mi historia personal.
Cuando dos personas deciden unir sus vidas para hacer un mismo camino ¿Qué importancia tiene hurgar en el pasado? ¿Qué se gana sabiendo a cuántas personas conoció, con cuántas convivió, quién le causó más dolor, con quién se sintió mejor, etc.? Lo que realmente importa es que ambos han tomado la decisión de compartir una experiencia que los conducirá a la felicidad conyugal. Lo que cada uno ha vivido anteriormente es historia pasada cuyo conocimiento es de su solo interés.
Por lo tanto es mejor comenzar esta nueva etapa de sus vidas con la página en blanco.