miércoles, 10 de diciembre de 2008

PROMESAS

Cuando se contrae matrimonio se promete: lealtad, fidelidad, amor, compañía...a lo largo de la vida matrimonial, sea en la pobreza o en la abundancia, en la salud o en la enfermedad. Las circunstancias de la vida misma ponen a prueba el alcance de las promesas matrimoniales, que tan profundo es el sentimiento que nos lleva ante el altar? Podremos llegar hasta el final sin quebrantar este compromiso de vida? Cuando escucho a las parejas jóvenes decir "si al segundo año veo que no nos entendemos me divorcio y ya" se me escarapela el cuerpo. Me pregunto cómo llegó esta joven a tomar la decisión de casarse. Qué motivos la impulsaron a embarcarse en una tarea tan delicada como es el matrimonio.
La pareja debe estar convencida que juntos podrán hacer vida en común, apoyándose mutuamente, cultivando constantemente ese sentimiento que los llevó a tomar la decisión de casarse. Convencidos de que en el camino se irán descubriendo el uno al otro y aceptándose tal como son. Claro antes deben aceptarse a sí mismos, de otro modo cómo podrían aceptar al otro? Quién se casa pensando que es capaz de "cambiar" y "amoldar" a la otra persona a su imagen y semejanza, está perdido en el espacio sideral. Nadie cambia ni se amolda, cada ser humano tiene su propia identidad y hay que respetarla. Precisamente del respeto hacia el otro es que nace la admiración por la pareja. De tal modo que semjante hipótesis hay que eliminarla. La promesa matrimonial conlleva el respeto hacia el otro en sus diversas manifestaciones.