Cuando dos personas se conocen y "hay química" entre ellas, se dice que han encontrado a ese ser especial que responde a sus espectativas y deseos para formar pareja. Ilusionadas se cogen de la mano y emprenden el camino. Embebidos de felicidad, disfrutan de actividades comunes, van al cine, a tomar un café, caminan por los parques, están enamorados. Han entrado en la fase del amor (en amorarse). Se hacen confidencias y van descubriendo que cada uno lleva en su equipaje un cúmulo de experiencias, negativas y positivas, adquiridas en el curso de su vida. Pero no sólo están las personales sino la influencia de su entorno. Qué le transmitió a cada cual su padre, madre, profesores, amigos, parientes. Las experiencias de su niñez que quedaron impresas en su personalidad. Sus temores, inseguridades, así como las alegrías.
Suelo decir que cuando dos personas deciden formar pareja y/o contraer matrimonio forman una empresa sui generis. Si bien en una empresa comercial se requiere de un capital, estatutos que la rijan, empleados ad hoc, cuya administración "tiene que" ser óptima para que funcione y sus asociados resulten beneficiados, la empresa de formar un hogar conlleva tanto o más riesgo que la comercial. No sólo está en juego el capital que se ha invertido en la formación de la empresa, está en juego la vida de dos personas que han decidido convivir, es decir hacer vida en común. Nada más difícil. Qué hacer para que el matrimonio funcione. No hay una fórmula mágica que abra las puertas de la felicidad absoluta, es más no existe la tal felicidad permanente, pensar en esta posibilidad sería vivir fuera de la realidad.
Qué hace un buen conductor de un vehículo para que éste funciones bien todo el tiempo posible: se preocupa del mantenimiento del mismo, regula los frenos y acelerador, cambia el aceite cuando debe hacerlo, debe usar el combustible adecuado, tener el recipiente de agua siempre lleno, hacer alineamiento de ruedas, mantenerlo limpio, tener a la mano el botiquín de primeros auxilios, etc. etc. y conducir en estado de sobriedad y con cuidado, sujetándose a las normas de tránsito. Es mejor si el copiloto también sabe conducir y está conciente de su responsabilidad como tal.
En el caso del matrimonio suele ser así: ambos se preocupan mutuamente de su bienestar, saben cuando frenar sus impulsos y cuando acelerarlos, cuando cambiar de actitud, cuando usar la dosis afectiva sin descuidar el recipiente de amor, enderezar a tiempo si estuvo a punto de flaquear, mantener la relación transparente, saber consolar y acompañar cuando es necesario con el gesto o la palabra adecuada, mantener el equilibrio. Por una razón muy sencilla, ambos tienen en el hogar autoridad, consideraciones, derechos, deberes y responsabilidades iguales; es decir como persona, como ser humano conciente de su calidad de tal no puede ser de otro modo. No hay escapatoria, este compromiso es un compromiso de vida basado en el respeto que se deben a sí mismos. Si te respetas respetas al otro, así de fácil.
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